Cuando David Frum, el hasta entonces redactor de los discursos de George W. Bush e ideólogo conservador, publicó en El hombre correcto: la sorprendente presidencia de George W. Bush permitió qe algunos detalles sobre la rutina de trabajo habitual del equipo de confianza del presidente salieran a la luz. Una de las principales características es la profunda religiosidad que manifiestan el presidente y sus aliados.

Rezar antes de cada reunión de gabinete o el estudio "optativo" de la Biblia son las prácticas habituales de un equipo de trabajo encabezado en su primer mandato por un jefe de personal, Andrew Card, casado con una ministra metodista; una consejera de Seguridad, Condoleezza Rice, hija de un predicador de Alabama; el compañero del alma de Bush durante sus primeros devaneos con la Biblia, Don Evans, ocupando la secretaría de Comercio y por último un presidente que según Frum cree tener una misión divina: borrar el mal de la faz de la tierra desde su presidencia de Estados Unidos.

Así en 1998 y ante el predicador James Robinson, el actual presidente de Estados Unidos declaró: "He escuchado la llamada. Creo que Dios quiere que me presente a las elecciones presidenciales".

Para comprender los orígenes de la profunda religiosidad de George Bush es necesario destacar su lucha por superar el alcoholismo en 1986. Una victoria que consiguió gracias a la ayuda del reverendo Billy Gramham. De este modo Bush resucitó en la piel de un reborn christian (cristiano renacido). Aunque tal y como explica el periodista de Carlos Fresneda fue Don Evans, un texano metido en negocios de petróleo y posteriormente Secretario de Comercio quien definitivamente arrastró a Bush al primer grupo de estudios bíblicos. Durante casi dos años George W. Bush profundizó en el estudio del Nuevo Testamento y se adentró en el Evangelio según San Lucas.

Según periodistas como Bob Woodward en en su libro Bush en guerra esta fuerte experiencia personal ha llevado al presidente tener la concepción de que es el elegido y que su misión es la de borrar el mal de la tierra. La idea de la predestinación absoluta, desarollada por el teólogo fundamentalista Juan Calvino significa la existencia de un grupo de hombres y mujeres que aún antes de nacer ya fueron elegidos por Dios. De esta manera, el predestinado no necesita ser virtuoso ya que ha ganado su salvación sólo por ser un elegido. El amalgama que perfeccionó este pensamiento teológico y político muy propio de Estados Unidos llegó en 1846, cuando el periodista James O. Sullivan, en el periódico Good morning America acuñó el concepto de "destino manifiesto" y aseguró que Dios no eligió un grupo de hombres y mujeres, sino a un pueblo en su conjunto. Ese pueblo no era otro que EEUU y la mision de los estadounidenses era llevar a cabo el proyecto divino en este mundo.

Esta es la concepción que tiene George Bush y esto explica frases antidemocráticas del presidente como cuando dice "que lo bueno de ser presidente es que no tiene que dar explicaciones a nadie" o, en la guerra contra el terrorismo, se "está con nosotros o en contra nuestra". La idea de ser el pueblo elegido también explica los históricos vasos comunicantes con el Estado de Israel.

Pese a esa creencia compartida, antes del 11-S, Bush llegó a afirmar en la campaña electoral de 2001 que sólo los cristianos iban al cielo, lo que provocó rechazo entre diversos grupos religiosos como los judíos. Posteriormente el actual presidente rectificó: "Los gobernadores no deciden quiénes van al cielo. Dios es quien lo decide, y absténganse los políticos de querer jugar a ser Dios".

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