Arriesgada era cuanto menos la opción de acercarse al Bilbao Live Festival para ver a Guns N' Roses. Las dos horas de espera, el mini-conato de linchamiento público y en general, las malas críticas del concierto que ofrecieron Axl y sus lacayos en Madrid apenas uno mes antes, dibujaban un panorama un tanto incierto. ¿Llegaría Axl a Bilbao? ¿Se quedaría en el hotel? ¿Cantaría como una gallina apaleada? ¿Tocarían Beatiful de Christina Aguilera? ¿Arrasaría el público con el Festival después de un desplante del pelirrojo?

A medio camino entre escepticismo y la fe absoluta, lo cierto es que el viernes el recinto de Kobetamendi fue poco a poco llenándose de gunners. Las camisetas de la gira de los Illusions y que muchos asistentes todavía conservaban con cierto desteñimiento en algun cajón junto a la ropa vieja, evidenciaban el tirón que sigue teniendo la banda (bueno, Axl) entre sus seguidores. Por otra parte, los paseos de un Slash portando un cuco sombrerito playero o la parodia viviente de Axl al más puro estilo chanante (amén de los Sandía Boys y su media sandía incrustada en la cabeza) resaltaban esa faceta paródica y en cierto modo surrealista en la que Guns N' Roses, y más concretamente Axl, se han visto envueltos desde la publicación de The Spaghetti Incident?.

El inicio del show, como era predecible, se hizo esperar. Los esporádicos silbidos y los pequeños tributos a la madre de Axl llenaron el tiempo muerto antes del concierto. Y es que el público estaba nervioso, pero al mismo tiempo también estaba resignado. W.A.R. no aparecía. Vaya una novedad ¿estará en la ciudad?

Una hora más tarde del horario incialmente previsto las luces se apagaron. Robin Finck repitó un par de veces el inicio del riff de "Welcome to the Jungle", Welcome to Axl Jungle. Y allí salió él. Con sus trenzas y sus más puro look Miami Vice cantando la primera canción del Appetite for Destruction. Quizás fuesen por cosas de la ubicación o simplemente una consecuencia del karaoke que desde ese preciso instante se puso en marcha, pero lo cierto es que desde las primeras filas la voz de Axl se escuchaba francamente mal. Algunos le llamaron gallina apaleada.

Por su parte, la gran banda que arropaba al Axl se mostró bastante compacta pese al exceso de músicos que pisaron el escenario. Tommy Stinson con una traje rayado de arriba tocaba el bajo y el mencionado Robin Finck con look de toque outlaw (barba, pañuelo con pluma incrustada y una especie de gabardina) a la guitarra principal. Richard Fortus y Bumblefoot acompañaron a la guitarra a Finck y, para redondear números, Dizzy Reed y el prescindible Cris Pittman (simulando que le daba al teclado)se encargaron de los pianos. Por si no fuera suficiente con dos pianos, el piano de W.A.R. también hizo acto de presencia.

Quizás fue el arranque del show uno de los mejores momentos del concierto.No en vano cayeron una detrás de otra, sin parones y con bastante buena disposición por parte de los músicos (incluído Axl) "Welcome to the jungle", "It's So Easy", "Mr. Brownstone" y "Live and Let Die" con pirotecnia incluída. Justo después de "Mr. Brownstone" y cuando la banda tocó durante apenas 10 segunos el inicio de de "Mama Kin", parecía que el concierto de Bilbao iba a ser muy diferente al de Madrid.

Pero el primer solo de Finck sirvió para recordar que en este concierto también habría tiempo para lucimientos personales (y para que Axl, en lo que se convirtió casi en una tradición durante la gira de los Illusions, se cambiara de vesturario). Y es que pese al tiempo, sobreviven esquemas intocables. "Sweet Child O' mine", "Knockin' on Heavens Door", la nueva "Better", una canción que no desentona demasiado con las del repertorio tradicional y "You Could Be Mine" conformaron el siguiente bloque de clásicos carne de cañón para karaokes.

Y aquí entramos en la parte peligrosa del show, esa parte en la que se intercalan clásicos como "Outta get me" o la azucaradísima "The Blues" (con Axl bailando, por así decirlo, sobre el piano)con parones en los que el público escucha las notas al piano de "Ziggy Stardust" o de esa canción que te noquea si no te la esperas como es "Beautiful". Esa parte en la que el piano de Axl no para de entrar y de salir del escenario, una y otra vez, y en la que te preguntas para que demonios el concierto necesita tres pianos sonando a la vez. Esa parte en la que W.A.R. toca las maracas y en la que las chispas que saltan en la segunda mitad de "November Rain" estan a punto de quemar esa obra de ingenieria como es la peluca de Axl. Esa parte.

Solo había una manera de sobrevivir. "Ladies & Gentleman, Mr Izzy Stradlin'", anunció Axl. E Izzy salió para encarar esa igualmente brillante recta final del concierto. Un último tramo que ayuda a borrar esas pequeñas imperfecciones del show(pero típicas en el caso de los Guns de estadio). Lo primero que hizo un Izzy mucho más comunicativo y más cómodo sobre el escenario (a diferencia del abrumamiento que pareció mostrar cuando salió en Barcelona junto a Velvet Revolver) fue cantar "You gotta move" de los Rolling Stones. En este momento, Axl no lo pudo evitar y se acercó al micrófono que había cedido a Izzy para interpretar junto a Mr. Stradlin'la citada canción en lo que fue uno de los momentos cumbres del concierto.

"Think about you", Nightrain", "IRS", "Madagascar" y por su puesto la mítica "Paradise city" con sus fogonazos, su traca final, los confettis y los músicos corriendo de una lado a otro del escenario pusieron punto y final a dos horas y media de concierto. Un espéctaculo que despejó la mayoría de nubarrones que se formaron en Madrid y que nos mostró dos cosas. La primera, un show en el que se intentan pulir los defectos que tanto se criticaron en Madrid. La segunda, la actuación también sirvió para mostrarnos al Axl del 2000 in live. Un Axl que parece más contento y relajado sobre el escenario pero también mucho más pasota respecto a lo que sucede a su alrededor. Sin Slash y sin Duff, pero sobretodo una década más tarde, Axl ha dejado atrás parte de su furia y su histeria sobre las tablas. Pero evidentemente hablamos de otors Guns N'Roses.

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