LA FIESTA "Dentro de Espinete HAY UNA PERSONA". Un camarero de la discoteca del Hotel Eslava de la calle Recoletos acaba de subirse a la barra. Se mueve de manera peculiar ya que da pequeños saltitos sobre sí mismo. Va vestido de blanco y tiene el típico pañuelo rojo anudado al cuello. Hasta ahí, todo correcto. Lo raro es lo que canta. Dice no se qué de Espinete. En su camiseta pone "Dentro de Espinete hay una persona". Y eso es lo que dice la canción que suena. ¿Cómo? Al otro lado de la barra, la gente grita con las venas del cuello hinchadas. No hay quien se entere. "Otra vez, otra vez, Es-Pi-Ne-Te", celebran los acólitos (y alcohólicos, al menos esa noche) que allí se han reunido. ¿Pero quién hay dentro de Espinete? La duda se desvela a los pocos segundos. El estribillo de la canción resuelve el enigma. Además, por si alguien no se entera con la cogorza, el camarero bailón también lleva la solución escrita en su espalda. "Se llama Chelo Vivares...y es una tía". No tiene sentido, pero hey, tampoco lo tiene el hecho que el barman acabe su danza (que repite cada hora más o menos)lanzando vasos de cartón a su acérrimo público. Se baja de la barra y sigue sirviendo como si nada.

En la Peña Konebane situada en un local de la plaza Virgen de la O (o Virgen del Botellón, por blasfemar un poco) una chica que dice ser canadiense también se sube encima de la barra. Va mal. Es más, en su cabeza todo es una fiesta. En la peña suena música de pachangueo: "Y.M.C.A", "Vivir así es morir de amor" y clásicos populares de inigualable rima como "Saaaancho paaanza, Quijoooteeee saaaancho". La gente de la barra abre botellas y moja al personal. La chica que "danza" encima de la barra también recibe el chaparrón. El alcohol y el calentón provocan que un miembro de la peña (o sea, un tío, aunque parezca que los miembros tengan vida propia) se suba a la barra. Y la canadiense y el chico de la barra bailan juntos hasta que la chica se resbala y se la pega de manera espectacular. Una caída fulminante, rápida, durante la cual nadie es capaz de reaccionar para evitar que las posaderas de la girl sufran. Aun y así, la tía sobrevive. ¿Por qué? Porque lo que quiere es más fiesta. Al cabo de unos minutos, el chico que acompaña a la canadiense y que pese a verla mal la ha seguido invitando a cubatas, decide (tarde, muy tarde) sacarla del local y llevársela a dormir.

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