EL ENCIERRO A las 6 de la mañana en la calle Jarauta (una de las que más fiestas acoge) dos chicos duermen con la boca abierta. Les cae un poco de babilla nocturna de la boca. La gente, lejos de dejar dormir a los chavales, prefiere cantarles canciones. También hay quien les tira pipas y quien se toma instantáneas junto a ellos. Claro que los chicos durmientes no perciben la mofa que se está produciendo a su costa. Únicamente se despiertan cuando el griterio y las risas son ya atronadoras.

No muy lejos de allí y cerca de la cuesta de Santo Domingo, las dos personas que no sabían exactamente lo que era el Toro de Fuego y las mismas que fueron a ver los Deportes Rurales están subidas en lo alto de una de las vallas que delimita el recorrido del encierro. Son las 7.45 de la mañana y quedan 15 minutos para que los toros enfilen Santo Domingo rumbo a la calle Estafeta. El punto y final del encierro lo pone la Plaza de Toros de la ciudad y que tiene en sus puertas un busto de homenaje al escritor y gran divulgador de la fiesta pamplonica, Ernest Hemingway. El busto es el encargado de dar la bienvenida a los corredores antes de que entren corriedno en la plaza.

Pero volvamos a la calle Santo Domingo. Varios corredores calientas sus piernas. Otros, por el contrario, leen relajadamente El Diario de Navarra o incluso más periódicos (para contrastar). El nerviosismo se hace evidente a estas horas. Más abajo de la calle, los mozos cantan a San Fermín. Le piden suerte. Ha llegado el momento. Suena un cohete y empieza el encierro. Más arriba hay mozos que ya se meten detrás de las barreras ante la mirada burlona de un Policía Floral que exclama: "Pero tío, que no han llegao, ¡pa' eso no te metas!". Pero el mozo ya está dentro y ve como los 6 toros se abren paso entre la multitud.

En la Plaza de Toros los toros aun no han llegado pero ya hay corredores que se pasean por la plaza bajo una lluvia de objetos procedentes del público que se sienta en las gradas. "¡Cobardessss!", grita la plaza entera. Los que más cariño reciben son los primeros en llegar. Cerca del tendido, una mujer pelirroja hace un buen rato que está sentada con un vaso en la mano. Ahora está atenta a la llegada de los toros, pero a las 7 de la mañana y a ritmo de la música procedente de una orquesta que se había situado en medio de la arena de la plaza, se ha liberado. Ha enseñado múltiples veces sus tetas a ritmo de "Paquito El Chocolatero" y se ha convertido en la protagonista de la mañana. O de la noche, da igual. "Teeeetas, teeeetas" coreaba la plaza.

Pero por fin llegan los toros del encierro y la gente aplaude. Un encierro más, un día menos. En las gradas dos chicos procedentes de Badalona y otro de procedencia no precisada quieren saltar a la arena. Y lo hacen cuando salen las vaquillas, un show de lo más divertido y que tiene lugar justo después que los bravos del encierro sean a su vez encerrados de nuevo. "Venga, va sí, como machotes" bromean los tres chicos y finalmente deciden bajar. Van directos hacía la entrada de las vaquillas de la plaza y, una vez que llegan allí, se agachan. Esperan la salida de la vaquilla. Mejor dicho, esperan el salto que la vaquilla tendrá que realizar para superar un obstáculo situado justo a la salida de su callejón y que está formado por gente de diferentes nacionalidades que como los tres sitios se han agachado al suelo. La vaquilla coge carrerilla y salta por encima de sus cuerpos trasnochadores. A partir de ahí, el animal va dando vueltas a la plaza intentado embestir a los mozos que ella elija.

Es sábado 15 de julio. Se han acabado los Sanfermines y Pamplona parece otra ciudad. Una ciudad sin ruido, sin demasiada gente y limpia de nuevo. Hasta el año que viene.

Fotos: Toni Pérez

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