Un día cualquiera en una autopista de Estados Unidos un hombre salta por los aires. A partir de este final, estadounidense Paul Auster escribe las páginas de la novela Leviatán, una obra de la que emanan múltiples historias que se encuentran por casualidad.
El misterio del azar es el eje principal de muchas de las historias que Paul Auster ha escrito a lo largo de su carrera. Y Leviatán es una de ellas. ¿Por qué si no van a encontrarse Peter Aaron y Benjamin Sachs, los dos protagonistas de la novela, los dos escritores, en un bar tras una fuerte tormenta de nieve? ¿Cómo puede ser que la esposa de Benajmin Sachs sea que la misma mujer por la que suspiraba en su juventud Peter Aaron? ¿Y por qué piruetas del destino la cartera que se encuentra Maria, una mujer indispensable para encontrar el hilo dentro de laberinto de la novela, conduce a tantas brutales coincidencias?
Cuando uno lee Leviatán tiene la sensación de ir buscando las piezas de un puzzle del que desconoces que dibujo te ofrecerá una vez acabado. El marco que delimita el juego de piezas está compuesto por la relación de amistad existente entre los dos personajes principales: Benjamin Sachs y Peter Aaron. El primero es un hombre sociable, con talento y con una energía desbordante. Por su parte, Peter Aaron representa la ternura, el cariño y la reflexión. De hecho, Leviatán no es más que la reconstrucción cronológica que Peter Aaron hace de la vida de su amigo Benjamin Sachs. Una biografía en la que también tienen un rol destacado las mujeres presentes en el entorno social de los dos amigos escritores.
Precisamente la descripción de ese entorno amplio, pero centrado en unos pocos personajes, es uno de los mayores aciertos de la novela. A lo largo de las páginas (bastantes, por cierto) Auster ofrece a cuenta gotas los datos necesarios para conocer a los personajes con la misma información e impresiones que tiene el narrador de la historia, Peter Aaron, en ese instante del relato. Un narrador que, por otra parte, ejerce de álter ego de Auster. La trayectoria personal de ese protagonista coincide en algunos aspectos con la vida del propio Paul Auster y, de hecho, los nombres de Peter Aaron y Paul Auster son bien parecidos.
La dificultad, por así decirlo, de la novela reside en recordar y, por consiguiente, avanzar a través de una historia protagonizada por tantos personajes unidos por un fino hilo. Sin embargo, la amistad entre Sachs y Aaron y la narración de los diferentes triángulos amorosos y emocionales que se desarrollan en Leviatán constituyen un pilar demasiado firme y bien elaborado como para recomendar esta novela.
No nos olvidemos del azar, ese elemento tan presente en la novela y motor de muchas otras historias en la vida real.
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Sin comentarios, excelente recomendación, un escritor único y humano.
Saludos