
Ava Gardner, actriz, "el animal más bello del mundo". El periodista Rex Reed la entrevistó en una habitación de hotel y gracias a su capacidad para captar el detalle social obtuvo este magnífico retrato de la diva. Un pequeño fragmento:
Ava: vida al amanecer
Ella está ahí, de pie, sin ayuda de filtros contra una habitación que se derrite bajo el calor de sofás anaranjados, paredes color lavanda y sillas de estrella de cine a rayas crema y menta, perdida en un hotel de cupidos y cúpulas, con tantos dorados como un pastel de cumpleaños, que se llama Regency. No hay guión, ni un Minnelli que ajuste los objetivos del CinemaScope. La lluvia helada golpea las ventanas y acribilla Park Avenue minetras Ava Gardner anda majestuosamente en su rosada jaula lechemalta cual elegante leopardo. Lleva un suéter azul de cachemir de cuello alto, arremangado hasta sus codos de Ava, y una miniflada de tartán y enormes gafas de montura negra y está gloriosa, divinamente descalza.
(...)
Ahora, dentro de la jaula de leopardo, sin un látigo y temblando como un pájaro nervioso, el agente de prensa dice algo en castellano a la criada española. -Diablos, he pasado diez años allí y aun no soy capaz de hablar ese dichosos idioma-gruñe Ava, despidiéndole con un movimiento de los largos brazos de porcelana de Ava-. ¡Fuera! No necesito agentes de prensa. Las cejas dibujan bajo los gafas dos deslumbrantes, acequinados interrogantes-. ¿Puedo confiar en él?- pregunta sonriendo manifiestamente con esa irresistible sonrisa de Ava y señalándome. El agente hace un gesto afirmativo con la cabeza mientras se dirige hacia la puerta:
-¿Podemos hacer algo más por usted mientras permanece en la ciudad?
-Sólo sacarme de la ciudad, pequeño. Sólo sacarme de aquí.
El agente se aleja silenciosamente, caminado por la alfombra como si pisara rosas de cristal con zapatos de claqué. La criada española (Ava insiste en que es una perla, -Me sigue por doquier porque me adora-) cierra la puerta y se larga hacia otra habitación.
- Bebes, ¿verdad, pequeño? El último maricón que vino a verme tenía gota y no quiso probar trago.-Suelta un rugido de leopardo que suena sospechosamente igual que Geraldine Page en el papel de Alexandra del Lago (en Dulce pájaro de Juventud) y mezcla bebidas de su bar portátil: sotch y soda para mí y para ella una copa de champán llena de coñac y otra de Dom Perignon, que bebe sucesivamente, vuelve a llenar y sorbe despacio como jarabe a través de una paja. Las piernas de Ava cuelgan blandamente de una silla de color lavanda mientras su cuello, pálido y largo como un vaso de leche, se alza sobre la habitación como un terrateniente sudista inspeccionando una plantación de algodón. A sus cuarenta y cuatro años, aún es una de las mujeres más hermosas del mundo.
- No me mires. Estuve despierta hasta las cuatro de la madrugada en ese maldito estreno de La Biblia. ¡Estrenos! ¡Mataré personalmente a ese John Houston si vuelve a meterme en otro lío como ése. Debía haber diez mil personas agarrándome. La multitud me produce claustrofobia y no podía respirar. Por Dios, empezaron apuntándome con una cámara de TV, gritando "¡Di algo, Ava!". En el intermedio me perdí y después de apagarse las luces no pude encontrar mi maldita butaca y no paré de decir a aquellas chiquillas de rizados cabellos y linternas, "Voy con John houston", y ellas no pararon de responderme, "No conocemos a ningún Mr. Houston, ¿es de la Fox?". Iba a tientas por los pasillos y cuando finalmente encontré mi butaca, estaba ocupada y hubo una gran escena para conseguir que ese tipo me dejara sentar. Déjamelo decírtelo, pequeño, la Metro solía montar los circos mucho mejor. Para colmo perdí mi maldita mantilla en la limousine. Diablos, no era un souvenir, ese mantilla. Nunca encontraré otra igual. Entonces John Houston me lleva a esa fiesta donde teníamos que ir de un lado a otro y sonreír a Artie Shaw, con quien estuve casada, pequeño, por el amor de Dios, y su esposa, Evelyn Keyes, con quien Houston estuvo casada hace tiempo, por el amor de Dios.
Y cuando todo ha terminado, ¿qué es lo que has conseguido? El mayor dolor de cabeza de la ciudad. A nadie le importa quién diablos estaba allí. ¿Piensas por un momento que Ava Gardner expuesta en ese circo venderá la película? Por dios, ¿lo viste? Tomé parte en todo aquel infierno sólo para que esta mañana Bosley Crowther pudiera escribir que parecía como si posara para un monumento. Todo el tiempo estuve pellizcando a Johnny en el brazo y diciéndole, "Por Dios, ¿cómo puedes dejarme hacer esto?". De todas formas, a nadie le importa lo que llevaba puesto o lo que dije. Todo lo que querían saber es si estaba bebida y si me mantenía derecha. Éste es el último circo. ¡No soy una puta! ¡No soy temperamental! Estoy asustada, pequeño. Asustada ¿Es posible que puedas entender lo que es sentirse asustada?
Texto extraído de El nuevo periodismo de Tom Wolfe
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