Los hechos están ahí. El 15 de noviembre de 1959 Dick Hickock y Perry Smith asesinaron a los cuatro miembros familia Clutter en Holcomb, un pequeño pueblo de Kansas donde vivían los Clutter. La crueldad del asesinato estremeció a al país entero y disparó la paranoia entre los estadounidenses. Por aquel entonces el escritor Truman Capote trabajaba en el diario The New Yorker y el suceso de Holcomb atrajo de inmediato su atención. El crimen resultaba tan espantoso e inexplicable que Capote decidió desplazarse hasta el pequeño pueblo de Kansas. Buscaba respuestas aunque su intención, en un primer momento, era la de captar qué repercusiones había tenido el crímen entre los vecinos del pueblo.

Truman Capote no era un desconocido. El estadounidense ya había publicado obras como Desayuno con Diamantes (1958) o Se oyen las musas (1955) con un resultado desigual en cuanto a repercusión mediática. Sin embargo el asesinato de los Clutter poseía para Capote los alicientes necesarios para publicar una novela que partiera de la base de lo que el escritor consideraba una opción innovadora dentro de la literatura: la unión de la investigación periodística de unos hechos con la libertad de prosa literaria. O lo que posteriormente se denominaría con el término "Non Fiction Novel" o lo que es lo mismo, “Periodismo Literario”.

De esta manera, Capote se trasladó a Holcomb y durante seis años se dedicó a recopilar datos y a entrevistar a todos los habitantes del municipio. La detención de los asesinos Perry Smith y Dick Hickcock, dos ex convictos, ofreció a Capote la oportunidad de realizar un retrato mucho más amplio del crimen. A partir de ese momento A sangre fría pasaría de ser una obra en la que los asesinos de la familia Clutter serían parte esencial del relato.

A sangre fría está escrita en tono periodístico, es decir, frío, muy informativo y con abundantes descripciones. No hay narrador y la historia se explica a partir de la abundante documentación que Capote consiguió recopilar durante esos seis años que pasó en Holcomb: cartas, exámenes psiquiátricos, fotos, archivos policiales, etc.

Sin embargo, el libro consigue conectar con el lector gracias a ese recorrido en pararelo tan cinematrográfico con el que Capote construye la trama. El escritor había firmado antes de su obra más célebre algunos guiones para Hollywood. Por lo tanto, poseía una concepción muy visual a la hora de escribir la historia. Es por eso que para explicarnos los momentos previos al crimen (y también los posteriores), Truman Capote nos contrapone la ruta demencial de los asesinos hacía sus víctimas con las pequeñas historias familiares de los asesinados. Es decir, al fin y al cabo, Capote pone en evidencia las diferencias existentes entre la América blanca y asentada en los valores tradicionales de la familia Clutter (de religión metodista) con los otros Estados Unidos, los Estados Unidos encarnados por el desarraigo, al abandono y la violencia. Dos maneras de vivir o de sobrevivir en un mismo país.

De hecho, el propio Truman Capote procedía de la cara oscura de los Estados Unidos y poco a poco fue sintiéndose cada vez más identificado con la historia personal de uno de los dos asesinos, Perry Smith. Ambos crecieron en pueblos pequeños y ambos fueron semi abandonados por sus progenitores. Capote incluso llegó decir que la única diferencia entre él y Perry fue que él consiguió encontrar un camino gracias a la escritura.

A sangre fría se convirtió rápidamente en uno de los libros más populares y destacados de la década. Truman Capote saltó a la fama y fue reconocido como uno de los mejores escritores estadounidenses. Pero la sombra de esta novela fue demasiado alargada. Capote nunca más escribió una obra de la misma calidad y los últimos años de su vida estuvieron marcados por el alcoholismo. "Lo más difícil de escribir A sangre fría fue sobrevivir a su fama", dijo en una ocasión. Y todavía hoy es una obra fundamental