El título lo decía bien claro: Es una historia de piratas ambientada en caluroso Caribe. A partir de ahí, el argumento de esta segunda parte se complica. Y mucho.

La primera entrega de la ahora reciente trilogía (que manía con ese número) era una historia de acción con buenos toques de humor. La cinta enganchaba y te hacía vibrar pese a que al principio la figura de Jack Sparrow desconcertara bastante. Sin embargo, el piratón más canalla, Johnny Depp consiguió crear un personaje único que destacaba notablemente por encima de los demás personajes del reparto. Y, qué demonios, la cinta entretenía a pequeños y adultos.

Y llegó esta la segunda parte envuelta de una gran expectación: un mega rodaje en el que se han grabado la segunda y tercera partes, rumores de participación de Keith Richards (¿estaría metiéndose en el personaje cuando el guitarrista de los Stones se cayó del cocotero que arruinó la actuación de la mítica banda en Barcelona? ¿O fue el ron?) y sobretodo el público tenía ganas de seguir las andanzas de Sparrow.

El cofre del hombre muerto desciende directamente de los personajes y tramas de la primera parte. Aparece el pretendiente de la Keira y sobretodo William Turner (Orlando Bloom) y Elisabeth Swann sufren las consecuencias de su primer encuentro con Sparrow.

A partir de aquí la trama no hace más que complicarse. Todos buscan un cofre que guarda un misterioso secreto pero por motivos distintos. Sparrow para saldar su deuda con David Jones, amo de las profundidades del océano y señor con muchos tentáculos; William Turner (Bloom con su típica interpretación)para reencontrarse con su pasado; la delgada Keira para luchar por su amor (ejem), y el despiadado cazador de piratas Lord Cutler Beckett para callar al histriónico Sparrow. Alguno me dejo y es que el punto flojo reside en entender y seguir ese vaivén de historias que se tejen entre los muchos y muchos actores que aparecen. La película no es más que un nudo que debe desenredarse en la última parte. Eso sí, en todas las historias hay un elemento de calidad común: la magistral caracterización.

Qué manera de echar agua por la boca, qué manos y dientes tan sucios, qué maderas más podridas, qué espléndido barco adornado y lleno de mejillones, ostras y demás bichitos (o bichazos) marinos. Ese aspecto está tan bien conseguido que El cofre del hombre muerto desprende olor a mar por los cuatro costados. Al acabar la peli, a mi me dieron ganas de comerme una mariscada. La visita de los piratones a la isla caníbal es realmente siniestra (aunque también es la parte más divertida del film).

Pero si el adjetivo siniestro debe acompañar a alguien en la película es a la tripulación del barco de David Jones, El Holandés Herrante. Magnífica. no obstante, la caracterización sería una anécdota si no hubiese buenas escenas de acción. Y en esta segunda parte las hay. Algunas un tanto exageradas, pero al fin y al cabo son bastante entretenidas. Sin embargo, el exceso de metraje de la película (dos horas y media) provocan que al final te canses un poco de tanto salto y tanto destrozo de navíos.

Así pues, la segunda saga de las andanzas de Sparrow baja el nivel en lo que al guión se refiere (demasiado cabos por atar y demasiados nombres y conceptos) pero continúa ofreciendo risas y escenas de acción impactantes ya sea con muchos efectos especiales o con dos simples espadas.

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