Viggo Mortensen en "Alatriste"

Y bien, "Alatriste", la película más cara del cine español. Nada más y nada menos que 25 millones de euros. Dos horas y media de grabación. Y un reparto con lo más delicatessen que pulula por aquí (en teoría) más la incorporación estelar de Viggo Mortensen recién salido de la trilogía de "El Señor de los anillos". Pero si con alguna cifra nos debemos de quedar es con la del reto de intentar contar lo que Arturo Pérez-Reverte narra en los cinco libros que componen las andanzas completas de El Capitán Alatriste. Cinco contra uno (perdón por el chiste); la prueba era difícil. Porque, ¿cómo transmitir toda la información histórica que el escritor expone a lo largo de las cinco obras? Pero sobretodo, ¿cómo narrar con pasión y con cierto enganche para el público cinematográfico la visión de un imperio poderoso pero al mismo tiempo corrupto hasta la médula y lleno de miserias? Pérez-Reverte utiliza en sus libros la voz de un narrador algo furioso y omnipresente para explicarnos que, al mismo tiempo que los curas gobernaban monasterios, también se acostaban con las novicias y por las noches conspiraban contra el rey.

Precisamente, el principal fallo de "Alatriste" consiste en la falta de una narración, es decir, la falta de un hilo conductor que nos explique, por ejemplo, por qué Iñigo Balboa tiene deudas, qué relación existe entre Luis de Alquézar, secretario real y Bocanegra o por qué éste último, el presidente del Tribunal de la Santa Inquisición, perdona la vida de Diego Alatriste en su primer encuentro. Falta extraer jugo de los personajes, que desde luego lo tienen (al menos en la novela) pero que a causa de la celeridad con que se ve obligada a avanzar la historia quedan bastante desdibujados. En consecuencia, el film avanza a partir de secuencias que el espectador, en ciertas ocasiones, debe encajar sin demasiada información y tratando de averiguar qué papel representa en la trama cada nuevo personaje que aparece. O qué consecuencias pueden acarrear los hechos que se describen. Porque si de los que hablamos es de una multitud de tramas conspiratorias que se enlazan, se buscan y se repelen entre sí, al menos que quede todo claro. Y bien explicado. "Gladiator", en ese sentido lo consiguió y eso que Roma parecía olvidada. Así pues, las personas que no se hayan leído ninguno de los libros de El Capián Alatriste pueden sentirse confusas. Por no hablar de un yankee de Tennesse que no tenga ni pajolera idea de qué diablos es la Inquisición y de sus chamusquinas de carne.
Las historias de amor entre Alatriste - María de Castro (Ariadna Gil) y Iñigo Balboa-Angélica Alquézar están algo mejor explicadas, especialmente la que tiene a "Alatriste" de protagonista.


La rendición de Breda, de Velázquez

Personalmente sólo me he leído la segunda novela de la saga (Limpieza de Sangre) y también salí algo confusa. Con una sola novela pude sumergirme en la corrupción y las miserias que Reverte señala de manera bastante cruda. Con una sola novela pude adivinar ciertos aspectos de la obra previa, pero, también del destino de algunos de los personajes. Y sin embargo, Limpieza de Sangre apenas encuentra representación en la película. Demasiado resumen y demasiadas cosas por querer contar no son buenas compañeras. Cinco contra uno era un reto demasiado complicado. Quizás un narrador en off hubiese ayudado un poco.

En cuanto al reparto, aciertos y errores. Viggo Mortensen, pese al curioso acento con que se expresa durante todo el metraje y que puede ser molesto para algunos, merece lo que habrá cobrado. Es un tipo con presencia de héroe (bueno y perfecto como el Aragorn de El señor de los anillos o sombrío como Diego Alatriste) y con una mirada lo suficientemente poderosa como para dejar un poco en ridículo a Eduardo Noriega. El chico de Amenábar representa al Conde de Guadalmedina, un Grande de España. Vamos, un tipo poderoso. Pero en cuanto Mortensen se cruza con él... o no, no hace falta, en cuanto un soldado se cruza con él, Noriega se hace chiquitito y pequeñito y sólo le queda su habitual cara de niño un pijo. Noriega, por lo tanto, KO. Unax Ugalde, por su parte, también desprende fragilidad. Pero como es el pequeño del grupo y es el que debe meterse en líos propios de la inmadurez se le perdona. No está mal.

Uno de los mayores aciertos, junto al Capitán Alatriste es la encarnación que Juan Echanove hace del poeta Francisco de Quevedo. Comedido y dramático sin histrionismos. Precisamente él protagoniza una de las escenas más emotivas cuando camina sólo por Madrid sin saber que su suerte, la suerte de Quevedo, está a punto de cambiar. Un poquito. Entre lo que falta del reparto no mucho más que comentar. Ariadna Gil mucho más natural y sensual que una Elena Anaya demasiado ofuscada y quien protagoniza la escena de tetas que muchos esperaban. Los personajes poderosos, excepto al tipo que interpreta con maestría la mirada vacía del rey Felipe IV, se quedan en ése término medio entre el aprobado y el suspenso. Javier Cámara está mejorable en su interpretación del super poderoso y ególatra Conde Duque de Olivares. Quizás le falte un poco de mala leche que todo amo y señor deba tener. Por último, y dejando de lado cameos como el de la monja Pilar Bardem, Blanca Portillo representando el papel masculino de Fray Emilio Bocanegra se suma al momento anécdota. Aparece apenas 2 minutos y su personaje no tiene toda la chicha que se le podría extraer al máximo representante de la sangrienta Inquisición. Una auténtica pena.

Por lo tanto, lo que nos queda es una película que no es un despropósito pero que podría haber sido mucho más. Existen escenas que así lo indican como el principio en Flandes, el Hospital de Sfílicas (uno de los pocos momentos en que vemos el ahogo del pueblo) o la lucha en las trincheras en Breda. La ambientación y recreación histórica son bastante superiores a la media del cine español aunque se echan en falta planos generales que nos muestren el ajetreo de la vida cotidiana en Madrid o un poco más de soldados en la batalla de Rocroi, la más desperada de todas. Pero sobretodo se echa en falta que se nos explique un poco más la historia. Dos películas o una trilogía hubieran supuesto un film con meno prisas y con mucho más que saborear.

Lean los libros si quieren conocer los detalles.