Mia Farrow en "La semilla del diablo"

En la historia del cine hay muchas películas que costaron sangre, sudor y lágrimas. Algunas veces, el principal problema de un film fue el constante ataque de nervios de los productores y de, por supuesto, el inminente suicidio del contable de producciones como Cleopatra con la ambiciosa Liz Taylor derrochando sin parar ante la atónita mirada del estudio. Aunque no hace falta remontarse tan atrás. Waterworld con Kevin Costner como Capitán Pescanova del futuro también costó sus 25.000 millones de pesetas de la época lo que no era moco de pavo. Con lo barato que le hubiese salido rodar en Isla Fantasía.

En otras ocasiones son los caprichos la estrellita de turno lo que dificulta la aparición del The End en la pantalla. Rebelión a bordo es un ejemplo mítico. El reputadísimo pero también conflictivo Marlon Brando dedicó la mayoría de su tiempo de rodaje a intimar con las nativas de los mares del sur (lugar donde se rodó la película) a llegar tarde a la grabación de las escenas, a ignorar el guión por completo y no contento con todo esto ¡encima montó un verdadero motín durante el rodaje!

Pero cuando he dicho que una película puede costar sangre, sudor y lágrimas, en el caso de La semilla del diablo la palabra metáfora desaparece. Y es que cuando analizas la multitud de sucesos extraños que tuvieron como protagonistas al director, la mujer del director o el lugar del rodaje en los meses posteriores al estreno de dicho filme parece que la verdadera película de terror es la que se vivió fuera de los platos.

Roman Polanski decidió adaptar en 1968 la novela de Ira Levin que nos cuenta la historia de una pareja (Rosemary y Guy) de recién casados que estrenan piso. Piensan que ese edificio es el mejor lugar para encontrar su hogar dulce hogar. Garrafal error, ya que allí Guy, interpretado por John Cassavettes, se hace amigo de los vecinos del piso de arriba, una aparentemente inofensiva pareja de ancianos. Casi al mismo tiempo, su esposa Rosemary (Mia Farrow) queda embarazada durante lo que ella creerá que es un ritual satánico. Y por lo tanto, durante el proceso de gestación y hasta el parto Rosemary vivirá situaciones, digamos que moviditas (por algo la película lleva ese título).


Rosemary y su "entrañable" vecina

Hasta ahí, todo normal. Polanski rodó la película con su habitual tono distante y durante el rodaje reinó el buen rollo entre los miembros del equipo. Quien lo diría viendo la película pero es cierto. Existen imágenes que así lo certifican. Mia Farrow, por ejemplo, estaba en plena fase hippie y se dedicó a dibujar flores y mensajes pacifistas en toda pared blanca que se le pusiera por delante. Claro que la mujer se había separado recientemente de Frank Sinatra y dicen las malas lenguas que salió un poco tocadita de la relación.

Polanski, por su parte, seguía con su relación con la actriz Sharon Tate. Ambos se habían conocido durante la filmación de la anterior película del director polaco, El baile de los Vampiros.

Si todo era tan bonito, ¿de dónde vinieron las malas vibraciones? La semilla del diablo es una cinta precursora en su tiempo ya que fue una de las primeras veces que la gran pantalla, y de la mano de Hollywood, abordaba el tema de las sectas satánicas. Por otra parte, con el tiempo resultaría también sorprendentemente significativo el hecho de que la película de Roman Polanski, un cineasta que vivió en el gueto de Varsovia, se rodara en el edificio Dakota de Nueva York.


Roman Polanski y Sharon Tate

Cercano a Central Park dicho edificio esconde entre las paredes de sus apartamentos historias realmente sorprendentes. Un buen ejemplo es esa leyendo urbana neyorkina que señala que, precisamente, en ese edificio se reunían las brujas de Nueva York a princpios de siglo XX para sacrificar a niños. Brujas y brujos como los vecinos de Rosemary y Guy. Y niños como el futuro hijo de Mia Farrow en La semilla del diablo .

Pero si por algo es conocido el edificio Dakota es por ser el lugar en 1980 el fan perturbado David Mark Chapman asesinó a su ídolo John Lennon horas después de haberle pedido un autógrafo en ese mismo lugar. Por lo tanto, nos encontramos que la localización de la película se hizo, en un lugar, cuanto menos, con una leyenda algo inquietante.


John Lennon firma un autógrafo ante la mirada de su futuro asesino

Pero la historia del asesinato del compositor de “Imagine” es mucho más simbólica de lo que parece en principio. ¿Cómo no va a ser muy simbólica si precisamente 11 años atrás fueron las letras de los Beatles las que inspiraron a Charles Manson para ordenar el asesinato de seis personas, una de ellas Sharon Tate, la ya por entonces mujer de Polanski y que estaba embarazada de ocho meses?.

Charles Manson había pasado buena parte de su vida de correccional en correccional hasta que no paró de entrar y de salir de cárcel en cárcel acusado de delitos como proxenetismo. En 1967, en plena era de Aquariouuus y con 32 años, Manson arrastraba ya un larguísimo historial lleno de violencia, violaciones y vejaciones. Era un tipo peligroso con una gran habilidad para manipular a sus semejantes. Sin embargo, en 1967, Charles Manson consiguió la libertad condicional. No volvió a la cárcel hasta dos años después a causa de un nuevo delito: inducción para el asesinato de seis personas.

A parte de su carrera como criminal, Manson tenía una clara obsesión: ser rockstar. Pero no lo consiguió. Grabó temas en la cárcel pero una vez concedida la condicional se perdió en desvaríos hippies y acabó fundando una comuna llamada "La Familia" y formada básicamente por mujeres que le obedecían sin pestañear. Hacían cualquier cosa que Manson deseara. Sin embargo, aparte de sexo y drogas, en esta época Manson tuvo una revelación: el White Album de los Beatles publicado en 1968. El mismo año en que se estrenó La Semilla del Diablo.


Manson y sus discípulas

Quizás se le fue la mano con el ácido, pero el caso es que después de escuchas diarias de ese disco el tipo acabó creyendo que los Beatles eran los cuatro jinetes del Apocalipsis y que, mediante canciones como "Helter Skelter", "Piggies" o "Blackbird", los Beatles le estaban mandando un mensaje. Pero no un mensaje de paz y amor como “All you need is love”, no. Para Manson y sus seguidores "Helter Skelter", una canción sobre una montaña rusa y cantada por Paul McCartney, era un aviso sobre lo que iba a pasar de forma inmediata: el alzamiento de la raza negra (la subida de la montaña rusa) contra los blancos. O tal y como los negros llamaban a los blancos, el alzamiento contra los cerdos, en inglés piggies, como la canción de George Harrison incluida en ese disco.

Pero Charles Manson estaría ahí para salvar la situación. De los 144.000 elegidos que se salvarían al esconderse en el Mundo Subterráneo (obviamente, según Manson & Co, los Beatles ya habían señalado en “Yellow Submarine” la existencia de dicho lugar) y que saldrían de su escondite tras el Apocalipsis (tras el levantamiento), él, Charles Manson, resurgiría como líder único y absoluto del mundo en una nueva era en la que devolverían a la raza negra a "su sitio".

Pues la paranoia convenció a sus discípulos. El problema fue que la raza negra no se alzaba y, que por lo tanto, la pronosticada la orgía de sangre no se cumplía. Así que el psicótico líder decidió encender la mecha y convenció a sus discípulos para que asesinaran. Una vez cometidos los asesinatos, se culparía a los negros de dichos crímenes. Por eso, cuando los miembros de La Familia (Manson se quedó en su comuna) entraron en la casa en la que Sharon Tate y cinco personas más estaban cenando, los únicos asesinos pintaron en las paredes y con sangre de las víctimas la palabra “pigs”, una pista indudable (puesto que como ya se ha especificado anteriormente pigs era la palabra despectiva para referirse al americano de descendencia europea) de la inminente sublevación racial.

Claro que cuando lo hicieron pasaron de ponerse guantes (¿para qué, si estaba clarísimo?) y al poco tiempo de descubrirse ese crimen tan horrendo y salvaje, detuvieron a La Família entera. Las huellas estaban por toda la casa. Y la era de paz, amor y buen rollo se estremeció al conocer como un chalado había convencido a varias personas para cometer tales crímenes. Y todo a partir de las canciones de los Beatles. Para que luego digan que el heavy es violencia. Después del juicio Roman Polanski decidió volver a Europa aunque su posterior regreso a los Estados Unidos no fue muy afortunado: le acusaron de violar a una menor de edad y desde entonces no pede pisar suelo americano.

Años más tarde, en la casa donde se produjeron los asesinatos, el líder del grupo de rock industrial Nine Inch Nails grabaría su disco The Donward Spiral, una obra enfermiza. “Cuando viví allí conocí a las personas más extrañas que te puedas imaginar”, respondió Reznor a la pregunta de si recibía visitas de fan de Charles Manson. Probablemente, el músico fuera uno de los últimos inquilinos en vivir allí ya que el propietario de la vivienda decidió el inmueble porque nadie (excepto Reznor y sus amigos como Marilyn Manson, quien tomó el apellido de Charles como nombre artístico) quería vivir en ese lugar. Antes de abandonar la casa, el tipo se llevo la puerta principal donde uno de los seguidores de Manson había escrito “pigs”.

Una historia de sangre. Muerte, embarazos, sectas con líderes oscuros…¿Pero no hablábamos de La semilla del diablo?