"Eraserhead", de David Lynch

Hace unos años, quizás no muchos, fui al cine acompañada por una familiar con inquietudes similares a las mías. Pagamos nuestras casi 700 u 800 pesetas. El objetivo de ese derroche adolescente era Mulholland Drive, de David Lynch, un director por el que por entonces sentíamos una iniciada devoción. Y durante hora y media nos sentamos, evitamos comer palomitas (durante una peli de Lynch quedaba como feo) y no entendimos nada. Y no nos gustó. Se encendieron las luces del cine Aribau y nos miramos en plan "¿que me estás contando?".

Si uno tiene conocimientos de la carrera de este hombre, sabes que el director norteamericano tiene películas con pies y cabeza como la bella "El hombre elefante" o "Blue Velvet". Por otra parte, su filmografía está compuesta por otras cintas mucho más abstractas como "Cabeza Borradora", "Carretera Perdida" o "Mullholand Drive".

La cuestión es que buena parte de los fans y de los críticos que adoran a Lynch encumbran de la misma manera esas odas a la confusión como son la esperpéntica aventura en las colinas de Mullholand Drive y las comparan con obras realmente emocionantes como la del granjero en busca de su hermano ("Una historia verdadera"). A mí no me incluyan en ese grupo.

Con el paso del tiempo, he dejado de admirar Lynch y de defender películas como "Cabeza Borradora" basándome en el uso de adjetivos como "hipnótica", "atmosférica" u "oníroca". Adjetivos que, en la actualidad, me parecen que lo único que hacen es decir que no te has enterado de nada pero que, sin embargo, por una extraña razón que no sabes muy bien de donde surge, pasas de destripar el film. El miedo a no entrar en el club de los cinéfilos o el respeto hacia obras de las que mucha gente habla maravillas pueden influir a la hora de decir que las paranoias experimentales de Lynch te gustan.

Obviamente, es muy posible que mucho de sus fans ciertamente puedan sentirse atraídos por esa faceta más transgresora del director. Y que uno disfrute viendo películas pensadas para los sentidos o que se lo pase en grande cosiendo teorías sobre el argumento del film. Como también habrá quién encuentre terriblemente irónica la actitud del director ante semejantes trabajos.


El director y los actores de "Mullholand drive"

Personalmente me quedo con esas obras mucho más accesibles de ser captadas a la primera. A Lynch no le hace falta escribir guiones susceptibles de ser utilizados como materia de estudio para una clase de semiótica (ejemplo basado en un caso real) para resultar inquietante. "Blue Velvet" tiene personajes desconcertantes y estremecedores y la película en sí resulta bastante inquietante. "El hombre elefante" también es un buen ejercicio de estilo.

Quizás el cine necesite de sujetos que busquen ir más allá de lo que uno ve normalmente en la pantalla. O quizás Lycnh sea un provocador en ese sentido, capaz de combinar interesantes films con obras más espesas y conseguir en ambos casos que se hable de él. Para bien o para mal, pero que se hable. Pero con el paso de los años, aguanto menos sus paranoias.

Por cierto, que el Festival de Cinema de Sitges rinde un homenaje al protagonista de esta entrada. Allí podréis ver sus obras en pantalla grande y decidir.

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