Obviamente hay tantos personajes a lo largo de la historia de la literatura como libros existen en el mundo. Probablemente muchos más. Sin embargo, un día empiezas a leer la primera página de un libro y te adentras en el mundo de alguien muy peculiar. Acabas de encontrar a uno de esos protagonistas difíciles de olvidar. Alguien que, quizás por su comportamiento o por su manera de ser y de pensar, despierta tu curiosidad. La lectura te engancha y el libro en cuestión acaba por convertirse en un grato recuerdo. O mejor dicho, en un universo casi paralelo que te ha ayudado a no sentir el agobio del metro o a hacerte más corta una larga noche en vela.

Cuando Holden Caulfield escribe desencanto adolescente eso de "Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de mi vida privada", nos invita a entrar en su particular historia. Pero, al mismo tiempo también nos avisa de que su relato va más allá de la típica historia de adolescentes. Y ciertamente, así es. No en vano "El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger es un viaje en el que su protagonista, Holden Caulfield, nos explica su dudas y sus temores ante la inminente entrada en el mundo de los adultos. Un mundo al que Caulfield odia porque cree le obligará a dejar de ser él mismo. Aunque todavía no sepa quién es.

Lo que atrapa del protagonista de "El guardián entre el centeno" es su sensibilidad ante el mundo. Y quizás ése sea su mayor problema. Se ve incapaz de aceptar que a veces tirar hacia adelante puede suponer perder parte de tu idiosincrasia. O mejor, ve con espanto que crecer supone, en buena medida, cambiar. Es por eso por lo que Caulfield se convierte en un personaje muy cercano. Todos hemos pasado por eso. Recuerdo que en el instituto nos hicieron leer la obra de Salinger. Y muchos de mis compañeros la rechazaron "porque no pasaba nada". Se referían a que, obviamente, en el libro no hay tesoros, ni grandes aventuras, ni princesas encantadas. Precisamente, creo que uno de los motivos por los que Holden Caulfield resulta tan cercano; nuestras vidas, por lo general, tampoco transcurren entre grandes historias. Las cosas no son fáciles y menos para una persona tan sensible cómo él. Una persona cuya felicidad consiste, por si fuera poco, en querer evitar que la infancia que juega en campos de centeno se precipite por el barranco del mundo adulto. Al fin y al cabo, quizás Holden Caulfield tan sólo era un chico demasiado inocente.

El lago de Central Park en el que Holden Caulfield alimentaba a los patos

Por contra, Ignatius Reilly es una bestia del sarcasmo y de la ironía. Un treintañero que vive con su madre en la desvecinjada Nueva Orleans. Un vago, un tipo de come demasiados perritos calientes y que tiene demasiadas luces colores en la cabeza. Demasiado excéntrico para hacer algo bueno y demasiado real como para no ser cierto. Leer "La conjura de los necios" de John Kennedy Toole es adentrarte en la trepidante historia de un personaje muy quijotesco. O lo que es lo mismo, la obra en cuestión es la historia de un tío con extrañas ideas en su cabeza que intenta sobrevivir en un medio hostil y poblado de personas absurdas y algo patéticas. Su manera de sobrevivir es su peculiar forma de ser: a veces bruto, a veces genial, otras absurdo pero siempre sin ninguna intención de comprometerse ni de tomarse nada en serio. Nada excepto a él mismo, aunque ni de eso podemos estar seguros. Muchos Ignatius Reilly han surgido después de luchada publicación de la obra de Toole. Uno podría ser el propio autor, ya que su biografía coincide en algunos aspectos con la de Ignantius. El protagonista de "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" de Pablo Tusset siempre me ha recordado de alguna forma a Ignatius Reilly. Pero lo que es seguro es que Ignatius sólo hay uno ya sea un absurdo o un genio loco, lo cierto es que es todo un personaje en muchos sentidos.

"Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él" - La conjura de los necios

Si Ignatius se consideraba un genio (del sarcasmo) Rodion Ramonovich Raskolnikov, el personaje principal de "Crimen y castigo" de Fedor Dostoyevski, el gran arrepentido de la historia, sintió lo mismo cuando decidió matar de un hachazo a una vieja usurera. Y es que "Crimen y castigo" es la historia de un pobre joven estudiante de derecho que, de repente se compara con personajes históricos como Napoleón y que, en consecuencia, cree estar por encima de la historia y por encima del bien y del mal. Es innegable que el aspecto más atractivo de la obra de Dostoyesvski son las razones psicológicas por las que Raskolnikov decide cometer el crimen. ¿Si uno mata a cien asesinos, no es acaso un héroe? ¿No fue Napoléon un héroe a pesar de haber manchado sus manos de sangre? ¿Acaso todos los grandes personajes de la historia no tienen sus manos manchadas de sangre? ¿Y si él fuera un elegido? ¿Y si matar a esa vieja usurera fuera el primer paso hacia la libertad? La teoria de Raskolnikov, sin embargo, no le lleva a la gloria si no al arrepentimiento. Y gracias a eso podemos disfrutar de un profundo análisis psicológico de un personaje que quiso ir más allá.

Por último me quedo con un personaje teóricamente secundario pero que por sus magníficas frases acaba robando el protagonismo del joven Dorian Gray en la obra de Oscar Wilde "El retrao de Dorian Gray". Lord Henry es ese dandy, ese revelación amante de los placeres y esa voz irónica y misógina. En definitiva, Lord Henry es un vividor capaz de opinar con maestría sobre cualquier cosa y también es un personaje que cada vez que habla deja tras de si una estela de frases para enmarcar. Da igual que parta de una idea, que la desarrolle y que, al final, acabe sustentando todo lo contrario. Nos encontramos ante un tipo bastante coherente pero sobretodo sorprendente en todo momento. No obstante también es un personaje extremo: o lo odias por su influencia perniciosa sobre Dorian Gray o lo amas porque leer sus diálogos es disfrutar.

"No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo." - Oscar Wilde

Reilly, Raskolnikov, Caulfield, Lord Henry...todos ellos persoanejs redondos. Y todos ellos fueron creados por escritores con vidas muy agitadas. Salinger optó por recluirse ante la fama que estaba alcanzando el libro. Pocas cosas se saben de él y hoy en día el escritor continúa siendo una incógnita rodeada de escandalosos rumores. Por su parte, Kennedy Toole, quien como Ignatius residía en Nueva Orleans y vivía con su madre, se suicidó sin conseguir publicar su obra. "La conjura de los necios" finalmente se editó tras la muerte del escritor con gran éxito de público y de crítica. De hecho, el autor acabó recibiendo post mortem el prestigioso premio Pulitzer por las aventuras de Reilly. Dostoyesvki fue acusado de conspirar contra el Zar de Rúsia y al final de sus días tuvo que lidiar una dura batalla contra su ludopatía y la depresión. Por último, Oscar Wilde fue condenado por sodomía y posteriormente se trasladó a París donde murió entre la miseria.

A veces, hasta de las tragedias personales surgen obras de arte.