En un principio el argumento de la serie Perdidos no podía parecer más típico y tópico. Lo de siempre, un grupo de personas que no se conocen entre sí se aventuran a coger un avión, el avión se escacharra y se estrella. Milagrosamente algunos pasajeros sobreviven ya sea en medio de los Andes como en Viven o, en el caso que nos ocupa, en una paradisíaca isla en el Pacífico. Después del impacto y de comprobar que los efectivos de rescate son poco efectivos, deben unir codo con codo para sobrevivir.

Pero en Perdidos las cosas se complican. No basta con buscar un coco para beber agua. No es suficiente tomar el sol a la espera de ese salvador que nunca llega. No. Los fans de Perdidos, esa serie maltratada por TVE y todo un fenómeno de descargas por Internet, saben que en la isla, como en la casa de Gran Hermano, las cosas no son lo que parecen. Todo se magnifica. Los inválidos andan, los supervivientes alucinan (literalmente), hay personas que desaparecen. Otras personas, los otros, se aparecen pero con oscuras intenciones. Además, en la isla hay un monstruo pero también se secuestra, se mata, se desconfía y encima los números 4, 8, 15, 16, 23, y 42 tienen una hasta el momento inexplicable influencia ya que provocan desde que a un tío le toque la lotería (y que al mismo tiempo se le empiecen a acumular desgracias, una de ellas, coger ese avión que se estrella) o que una francesa acabe también en la isla tras recibir una señal de radio en la que esas cifras son protagonistas. Ni que decir que si ésos mismos números aparecen en una escotilla de un búnker misterioso de la isla, y que, además, sean la clave para evitar que una misteriosa cuenta atrás llegue a cero, algo serio pasa.

Y lo que pasa es que los misterios de la isla son parte fundamental de esta serie creada por J.J Abrams. De hecho, parte de la gracia de la serie consiste en ir resolviendo las múltiples pistas que encierra cada episodio. Y aquí entra todo. Si en Expediente X la gran incógnita consistía en descubrir la conspiración del gobierno de EEUU para intentar ocultar la presencia de alienígenas, en la isla todo ocurre por una todavía desconocida razón. Si en un capítulo aparece un libro como ya han aparecido El corazón de la tinieblas, La isla misteriosa o El señor de las moscas es por algo. Si los supervivientes alucinan con osos polares, niños secuestrados o sus fobias interiores es por algo. 4 es la hora en la que se estrelló el avión, 8 es el canal que entrevistó a Hurley cuando le tocó la lotería, 15 son las personas que participaban en la expedición de la francesa pero también el número de la botella de whisky que bebe Sawyer... la suma de los 6 anteriores números, 108, son los minutos que deben esperar los supervivientes para introducir una combinación (la mítica 4,8,15,16,23 y 42) en el ordenador aunque también pueden ser le número total de supervivientes. Para teorías, esa que dice que los personajes están muertos y que donde realmente están viviendo es en el infierno. O la típica escapatoria de cien cutre, la decepcionante "todo ha sido un sueño". Muchas opciones y de muy distinta índole (¿se depilan las supervivientes?).


Uno de los grandes secretos de la isla ¿qué demonios es esa empresa??

Obviamente, como hablamos de un serie de calidad, el argumento no gira únicamente en torno a raras conexiones que enloquecen a los más fieles seguidores de Perdidos. Las vidas de los supervivientes y su manera de enfrentarse a los misterios de la isla son la otra gran baza de la serie. En cada capítulo, los flashbacks nos remiten a la vida antes de que los los pasajeros subieran al avión maldito; a ese tiempo en la que no debían pasarse todo el día en medio de una selva con los pantalones roídos y sudando con los poros abiertos al 100%.

Así descubrimos que Jack Shepard, ese médico guapo, responsable y uno de los líderes del grupo está divorciado de una paciente a la que curó milagrosamente. Y que además, conoció al extraño hombre que después se encontraría dentro del búnker dándole al teclado. O sabemos que el inquietante y desconcertante John Locke, que se llama así como el famoso empirista inglés (¿coincidencia?, imposible puesto que en la isla hay otros personajes con referencias a los filósofos Rousseau (la francesa Danielle Rousseau y David Hume, Desmond David Hume, el hombre que vive en el búnker apretando a la dichosa a una dichosa tecla) era un tipo ofuscado por su minusvalía. Precisamente, uno de los principales puntos de confrontación y de tensión constante de la serie son las continuas discrepancias entre Jack, y Locke, los dos líderes, hasta el momento, de los supervivientes. Jack es racional mientras que Locke es un tipo proclive a dejarse llevar por pensamientos y sensaciones menos fundamentadas en la ciencia. Otro personaje destacable es el rebelde Sawyer. Un timador profesional que se niega a seguir el liderazgo de Jack y de Locke y que prefiere actuar y poner normas por su cuenta. Los personajes femeninos está bien representados por la valiente Kate Austen, una fugitiva de la justicia y objeto de deseo de Jack y de Sawyer, y por Ana Lucía, la ex policía, una chica dura.

A pesar de que éste es el núcleo que, en la segunda temporada (y hasta lo que he visto), corta el bacalao y por lo tanto, tiene mayores cotas de protagonismo, todos los personajes son relevantes. Desde el gordotetas Hurley y sus números malditos, hasta el heroinómano músico Charlie Pace o Sayih Jarrah, un guardia republicano iraquí que ejerció como torturador profesional.

Nos encontramos, por lo tanto, ante una serie que cuanto más avanza, más consigue enganchar al espectador. Sobre todo, una vez que éste entiende que lo que sea que hay en la isla no se va a desvelar hasta el final. Mientras tanto, demos gracias a que entre tanta telebasura exista un producto de calidad como éste.

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