
Si la primera selección de personajes destacados de la literatura estuvo formada por un pobre estudiante de derecho que de repente se creía Napoleón o por un aristócrata británico de exultante verborrea; en esta ocasión la mayoría de los protagonistas sufren las consecuencias de sus actos. Aunque también queda un pequeño rincón para individuos atrapados en un medio hostil que no acaban de comprender pero al que deben adaptarse.
Quizás uno de los máximos exponentes de personaje abandonado a su suerte sea Gregorio Samsa, un pobre individuo gris que "al despertar una mañana tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto". ¿Por qué? ¿Cómo? Eso es lo de menos. Cuando Franz Kafta escribió La metamorfosis, su obra más conocida, nunca tuvo la intención de realizar un relato de terror ni de aventuras. Ni siquiera quiso que La Metamorfosis tuviera una única interpretación por lo que Gregorio se convierto en insecto sin más motivo aparente. Más bien quería que el lector sacara sus propias conclusiones de esta historia cruel, absurda pero también conmovedora. ¿O acaso no es absurdo que la principal preocupación de Samsa nada más ver que se ha convertido en un insecto sea que faltará al trabajo? ¿No es cruel que sus padres y su hermana le den la espalda y que le abandonen porque su nueva condición de bicho raro (literalmente) les impide seguir ejerciendo de chupasangres que viven a costa del sueldo de Gregorio?
Una vez tuve un profesora de literatura que decía que las obras de Kafka eran la anti-literatura: frías, aburridas, sin emoción e incapaces de transmitir ningún tipo de sentimiento. Quizás sí que es cierto que obras como La Metamorfosis no son libros de esos que te producen una explosión de sensaciones página tras página. Kafka no apela a las emociones de igual manera de Gregorio Samsa tampoco es un ser demasiado expresivo ni cálido. Pero en cambio sí que tiene sus momentos conmovedores (como cuando escucha a su hermana tocar el violín) pese a que poco a poco es más animal y a pesar de que su familia reniega él sin demasiados escrúpulos y sin ni tan siquiera tratar de ayudarle. Samsa quizás represente el rechazo de la sociedad hacia las persones diferentes o el egoísmo humano ante el bienestar de los demás. En todo caso, millones de lectores le han acompañado durante su extraña transformación.
Alba, la adolescente de 14 años protagonista de El mecanoscrit del segon orígen (El mecanoscrito del segundo orígen) de Manuel de Pedrolo también debe enfrentarse a un medio hostil. Pero el reto de Alba es mucho más grande que el de Samsa. Alba debe sobrevivir sola en un mundo en que la especie humana ha sido prácticamente aniquilada por una rápida invasión alienígena. Ya tan sólo quedan las casas vacías, los supermercados repletos de ausencias y millones de coches y de cadáveres abandonados en las calles. En medio de este apocalipsis, Alba decide empezar de nuevo no tan sólo con su vida, sino con de la especie humana. Y lo hace juntamente con Dídac, un pequeño niño de nueve años al que Alba deberá educar y amar para seguir adelante. Quizás lo que más fascina de un personaje como éste es, por una parte, su arrolladora capacidad para sobrevivir con coherencia en una situación de pocas esperanzas y, por la otra parte, de hacerlo conservando lo más valioso de la sociedad: el conocimiento, la cultura y la ciencia (en lo medida de lo posible debido a las circunstancias). Y todo ello al mismo tiempo que desecha el racismo o las diferencias entre géneros. Cuando Manuel de Pedrolo publicó esta obra en 1974 seguramente no se imaginaba que su obra llegaría a ser una de las más leídas por los adolescentes (especialmente catalanes). Y es que pese a que Alba debe aceptar y superar un verdadero un reto de madurez psicológica fuera de lo común, la protagonista también deberá explorar experiencias propias de cualquier adolescente como es la sexualidad. El resultado: un personaje realmente admirable.
A mediados del siglo XIX, Emma Bovary, el personaje creado por Gustave Flaubert en el clásico literario Madame Bovary, no se convirtió precisamente ni en un símbolo ni en un modelo a seguir (al menos no públicamente). Al contrario, los sofocos amorosos de Emma, sus romances platónicos y su apasionada alma adúltera y rebelde provocaron más de un dolor de cabeza a Flauvert (aunque finalmente a obra no fue prohibida). Emma era, para la sociedad francesa del momento, un adúltera, una fresca y una representante de la baja moral y de la indecencia. Sin embargo, también era una mujer casada con un tipo gris y vulgar al que no amaba; una mujer que estaba condenada a vivir encerrada en una casa y en un pueblo mediocres alejados de la ciudad de París, la ciudad de las luces y de los sueños; una mujer con educación y muchas aspiraciones que se negó a aceptar que sus ideales románticos no podían hacerse realidad. En definitiva, Emma era el prototipo de heroína romántica y rebelde que se niega a aceptar su destino. Pese a todo este idealismo que desprende Emma resulta curioso constatar como Fluavert también utilizó la ironía para describirla. Por que, ¿cómo puede ser que una mujer que vive el amor tan intensamente desprecie tan rotundamente a su propia hija? ¿No tenía la Señora Bovary algo de cursi y ridícula cuando exageraba hasta un forzado dramatismo más propio de un mal actor que de algo intenso de verdad? ¿Cómo puede ser tan calzonazos su cornudo marido? Por todo esto, pero también porque Madame Bovary está considerada como la precursora de la narrativa moderna, Emma se convierte en un personaje fascinante pese a sus contradicciones. Ella, al fin y al cabo, solo quería enamorarse una y otra vez.
Igualmente fascinante es la relación que se establece entre en Víctor Frankenstein y su demonio particular, el monstruo. Mary Shelley escribió en la archifamosa novela Frankesntein la historia de un hombre que mediante la ciencia pretende convertirse en poco más de un nuevo Dios, un tipo capaz de crear el más mágico de los milagros: la vida. Sin embargo, quizás porque el ser humano es demasiado ambicioso, o, quizás porque es demasiado imperfecto para tener tanto poder en sus manos, Víctor acabado renegando de su obra cuando ve que el resultado final es algo inaceptable para él. Ha creado un monstruo. La historia de este científico no es tan rocambolesca como parece. Personajes tan dispares como Albert Einstein o de Mijaíl Kalashnikov también renegaron de sus descubrimientos por crear sendos monstruos. En el caso de Einstein por descubrir los principios que llevaron a desarrollar la bomba atómica y en el caso del militar ruso por crear una de las armas que más personas ha matado en todo el mundo: el fusil de asalto AK-47. Sin embargo, la diferencia entre la ficción y la realidad reside en el hecho que en el caso de Frankenstein su monstruo tiene sentimientos. Es más, quiere tener a un buen un padre, quiere crear una familia y quiere convivir en paz con los humanos. Pese a albergar buenos aspectos, su físico y su monstruosa condición le impedirán cualquier tipo de esperanza. De hecho, la crueldad y el desprecio seran sus únicas compañias. Es curioso como en un determiando momento de la historia el lector puede sentirse mucho más identificado y conmovido con un tipo engendrado a base de trozos de cadáveres que con el asustado Victor, un tipo incapaz de asumir sus errores. Pero es que Mary Shelley logró crear y transmitir a la perfección los más puros y buenos sentimentos humanos en la piel de algo no precisamente humano. Al mismo tiempo en esta novela también nos consigue meter en la piel de un hombre realmente atemorizado que no puede huir de su pasado.

¿Más humano que los propios humanos?
65x65.bmp)




Antonio Alviárez
13 dic 2006 | 07:33
Para entender la literatura hay que tener a cuenta la clásica y esta pequeña selección es muy sustanciosa con mucho de donde sacar provecho.
Saludos
Victor
13 dic 2006 | 08:00
Desde luego, decir que las obras de Kafka son "frías, aburridas, sin emoción e incapaces de transmitir ningún tipo de sentimiento", me parece inconcebible.
Y en mi caso particular ¡claro que me transmiten más de un sentimiento!
Y especialmente, La metamorfosis, relato inquietante donde los haya. A mi me parece estremecedor: a medida que transcurre la acción (y Samsa va sufriendo su terrible transformación) una angustia te va recorriendo el cuerpo. Y, por supuesto, la angustia es uno de los sentimientos humanos más intensos, no?
pablito
14 dic 2006 | 10:50
De todos yo me quedo con el monstruo de Frankenstein. Emma Bovary me cayó muy mal. Hay otra heroina que tampoco me gustó, Ana Karenina, porque lo tiene todo para ser feliz pero se la va la olla con los celos y acaba en tragedia. El pobre monstruo si que es alguien comprensible.
jp
16 dic 2006 | 07:05
Kafca la lleva... Su metamorfosis me hizo pasar un muy buen rato en su momento...
La verdad si es de hablar de grandes personajes mis favoritos son "Maldoror" de "Los cantos de maldoror" y "Dorian Grey" de "el retrato de Dorian Grey".
Y es que si bien ambos reflejan un concepto de Maldad que para algunos puede estar caduco en nuestros tiempos (tenemos a George Bush), ambos se atreven a explorar las facetas mas extremas y perversas del ser humano así como su soledad como efecto de estos.
Jorge
20 dic 2006 | 09:06
Kafka es un descojone, por favor, el John Cleese checoslovaco, y trinca de Flaubert que da gusto. A tu ex-profesora le pasarán la factura el día del juicio final, lo juro por mi pecho negro.
PD: quizá Emma atraiga POR y no PESE a la contradicción (que tampoco es que me mate).
Zaida
19 ene 2008 | 07:28
Gracias a la carrera que estoy cursando, Filología Hispánica he podido
toparme con GRANDES obras cómo las aquí citadas. "La metamorfosis" me parece increíble, nunca había leído más allá de su primera página y el hecho de leerla de manera obligatoria me llevó a darme cuenta que no sólo es brillante, sino está llena de sentimiento. Estoy totalmente de acuerdo con Víctor. Que una obra nos haga estremecer, sentir miedo, llorar, reír...nos demuestra que es una GRAN obra y que el escritor ha conseguido su intención, llegar hasta nosotros, los lectores. Y ésta obra
en su conjunto es una metáfora, utiliza la metáfora de la metamorfosis para demostrarnos su situación actual, pues está inmerso en una depresión, ya que no tiene trabajo y su propia familia, lo más importante en la vida de una persona, le da la espalda.
Respecto al "Mecanoscrit del segon origen", el cual leí en catalán y "Madame Bovary" que leí en francés me han demostrado que la
buena literatura existe.
Un beso!
ANA KAREN
29 abr 2008 | 11:06
me gustaria que pusieran mas ejemplos
y personajes mas detallados