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El mexicano Alejandro González Iñárritu acaba su triología sobre la incomunicación con este cruce de culturas que es Babel. La triología, compuesta por la refrescante Amores Perros, la trágica 21 Gramos y la presente película dejan tres cosas claras. En primer lugar, la gran capacidad del director y de su inseparable guionista Guillermo Arriaga para crear personajes interesantes e historias bien tejidas, tal y como sobretodo demostró en Amores Perros. En segundo lugar, la gran intensidad dramática que Iñárritu es capaz de conseguir a través de dramones en toda regla y que han estado presentes en la tres películas. La incomunicación supone la tristeza y muchos llantos. Eso ha quedado claro. Y ha quedado claro pese a que en ocasiones resultara excesiva tanta desgracia. A los llantos de Naomi Watts en 21 gramos me remito. Sin embargo, Iñárritu, a lo largo de su filmografía, no sólo ha buscado la emoción a partir de personajes a punto de romperse. También ha utilizado la violencia, el sexo o recursos cinematográficos como la música y cierto estilo documental a la hora de rodar, para intentar desnudar al espectador y dejarlo semi lloroso en su butaca. O al menos, con un sentimiento muy diferente que el que te provoca una película de Vin Diesel (si es las historias de ese rapado son capaces de generar algún tipo de emoción). En tercer lugar, la trilogía de Iñárritu ha dejado claro un esquema de trabajo que siempre entrelaza tres historias muy diferentes entre sí pero que, al mismo tiempo, siempre han estado unidas por un detalle.

Y todo esto que ha hemos visto en Amores Perros y en 21 gramos lo encontramos en Babel. Por eso es una trilogía. Así que como de nuevo tenemos tres historias que se cruzan y como la tragedia sigue estando presente, la novedad reside en el hecho de que en esta ocasión Iñárritu & Arriaga hayan querido bucear en Marruecos, Mexico y Japón, tres continentes y tres maneras de vivir totalmente diferentes, pero con el denominador común de que en todos esos países las personas son incapaces de entenderse.

Quizás Brad Pitt y Cate Blanchet protagonicen la historia más floja de la tres. Ambos representan con soltura (aunque también con algún tópico) a un matrimonio norteamericano que decide que la mejor manera de superar su crisis matrimonial es ir de turismo por Marruecos. Como lo que va mal puede ir siempre peor, Blanchet cae herida y tanto Pitt, como el bus turístico en el que viajan y que está repleto de turistas que quieren visitar el país pero sin tener demasiado contacto con los marroquíes (o al menos con los marroquíes menos occidentalizados), acaban en una pequeña aldea. A partir de aquí, la historia matrimonial entre Pitt (correcto en su actuación) y Blanchet (con un papel que le da poco juego para que pueda desplegar sus magníficas dotes interpretativas) se desarrolla de manera algo previsible y un tanto pastelosa. Sin embargo, el punto fuerte de esta historia surge del contraste entre la visión cerrada y temerosa del típico turista occidental (y de occidente en general) que ve a la población rural como poco más que una pandilla de salvajes y de potenciales terroristas, con el retrato casi documental que Iñárritu realiza poniendo de ejemplo a una pequeña familia de pastores (y que se podría considerar como la cuarta historia). Es así como Iñárritu quiere que el espectador se comunique con la otra cultura y la verdad es que lo consigue pese a que el guión de esta historia sea el más flojo.


La actriz Adriana Barraza está nominada a un Globo de Oro

Mucho más interesante, crítica y sobrecogedora es la historia de la nanny de los hijos de Brad Pitt y Cate Blanchet. Ambientada en Estados Unidos y México, pero sobretodo, ambientada en ese territorio hostil para ambos países como es la frontera, la actriz Adriana Barraza, la nanny, coge las riendas e interpreta de manera impecable (Oscar ya) a una mujer que trabaja de manera ilegal en Estados Unidos y que decide ir a México para asistir a la boda de su hijo. Y no lo hace sola, los rubios hijos de Pitt y Blanchet también cruzan la frontera y se dan de bruces con un país vital, que conserva costumbres y que a los pequeños les resulta algo violento. Aunque el viaje de regreso a Estados Unidos les demostrará que Estados Unidos también tienes sus dosis de violencia y de desconfianza hacia sus vecinos. Nos encontramos ante una historia que llega al espectador gracias, en primer lugar, al gran trabajo de Iñárritu a la hora de acercarnos a esa familia mexicana. Una fiesta y una música muy bien elegida son los únicos elementos que el director necesita para retratarnos a ese México fronterizo. En segundo lugar, la historia convence por la ya comentada y solvente interpretación de Barraza. Se come la cámara ella solita. Tan sólo falta añadir que en este punto resulta muy interesante comparar la contenida pero cruel presión de la policía norteamericana con las formas más directas que utiliza la policía marroquina de la primera historia. Los dos países quizás no estén tan lejos como parece.

Por último, la historia protagonizada por la chica sordomuda japonesa no tiene mucha relación con las otras dos historias y, en consecuencia, queda un tanto descolgada del conjunto. Sim embargo, también contiene aspectos destacables como esa apabullante sensación de soledad e individualismo que desprende la sociedad japonesa y que Iñárritu capta a la perfección (esa escena de la discoteca lo dice todo), pese a que su manera de hacerlo nos remita al trabajo que Sofía Coppola hizo en Lost in Traslation. Aunque en principal acierto de esta tercera parte consiste en la desesperada búsqueda de cariño de la adolescente sordomuda. Su incapacidad para comunicarse, pero también la imposibilidad de que otras personas se acerquen a su mundo, la llevan a buscar en el sexo algo parecido al amor y la comprensión. Lástima que esta trama quede demasiado aislada. De hecho el nexo de unión con las otras partes resulta muy forzado y a la vez algo insustancial. En consecuencia, en algunos momentos de la película esta parte puede resultar un tanto molesta.

Por lo tanto, Babel cierra una trilogía continuista en sus pilares fundamentales. Iñárritu vuelve a demostrar que es capaz de realizar una película que atrapa al espectador pese a unos defectos que, al fin y al cabo, no empañan el resultado final. Habrá que ver si Iñárritu es capaz de alejarse de los esquemas que le han llevado a la fama y que tan buenos resultados le han dado.

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