Si en la entrada Grandes personajes del rock el glamour y la imaginación triunfaban en el rock gracias a impactantes estéticas como la de Alice Cooper, David Bowie o los míticos Kiss, lo cierto es que no siempre se acierta. La moda es pasajera, avanza rápido y como es normal exige una renovación constante de acuerdo con las últimas novedades e influencias. Y ahí está el germen del problema. O estás "in" y haces una propuesta seductora que agrada a tú público o lo único que consigue el artista, por muy buena que sea su música, es el temido efecto de la vergüenza ajena.

En ocasiones el error se comete cuando uno es joven e inocente, se deja llevar y quiere abrirse paso entre miles de aspirantes a estrella. Un fallo lo tiene cualquiera y la historia de la música así lo ha constatado en numerosas ocasiones. Un ejemplo de que no hace falta remontarse muy atrás para encontrar pintas horribles lo podríamos encontrar en tres artistas como Tori Amos, Trent Reznor o el grupo metálico Pantera; tres artistas con talento, que triunfaron en los noventa dentro del sector alternativo pero que sin embargo esconden tras de sí un oscuro período de despiste e inocencia (y que a día de hoy seguramente todavía les provoca mucha vergüenza).

La bella pelirroja Tori Amos, la chica del piano, se encontró a mediados de los ochenta viviendo en L.A. y rodeada de tipos que pasaban mucho tiempo en la peluquería tiñéndose de rubio platino, cardándose el pelo y pintándose los labios pese a que su aspecto fuera de hombre de las cavernas. Los ochenta fueron horteras y la pobre Tori decidió probar éxito con Y Kant Tori Read, un grupo de toques hard rockeros y que seguía a pies juntillas la moda de cardarse el pelo y de llevar un look gótico-pastel de tres al cuarto. Por su parte, el oscuro Trent Reznor también pasó una fase confusa antes de alcanzar la fama con Nine Inch Nails. En los ochenta, lo suyo eran los Exotic Birds, un grupo con el piano Casio por bandera y con un estilismo de robótico-moderniqui trasnochado. O lo que es lo mismo, se vestían con anchas chaquetas con hombreras y bambas blancas. Todo eso lo adornaban con peinados de altura y las últimas novedades tecnológicas al frente (y que hoy en día parecen de juguete). Pero si hay algo que realmente duele es lo de Pantera: cuatro tipos duros y rudos empolainados y vistiendo con pintas de influencia hard rockera demasiado impostadas para un grupo procedente de Texas.



Reznor, en el medio, gestando su depresión de los noventa

La inocencia, sin embargo, es hasta entrañable. Lo realmente difícil de digerir es cuando un artista reputado, de repente y con el doble objetivo de no encasillarse y de ganar nuevos fans, decide metamorfosearse hasta más allá de las últimas tendencias. Vamos, que quiere llamar la atención sea como sea. Puede que en estas ocasiones, el integrismo de los fans más puretas sea un muro imposible de traspasar. Pero en muchas otras ocasiones lo que sucede es que las pintas elegidas para la ocasión son de todo menos afortunadas. O que escasea el buen gusto. Que se lo digan si no a Rob Halford, la voz de Judas Priest, cuando decidió que para su proyecto en solitario de rock industrial, Two, emularía el look oscuro y siniestro de Marilyn Mansony de de Brandon Lee en The Crow. O que le pregunten a Jane's Addiction. De acuerdo que Perry Farrel y los suyos siempre fueron raritos. Pero los trajes de colores de su gira de retorno del 97 son infumabes. Lo de Axl Rose es distinto. El tipo siempre ha sido bastante hortera pero no hay duda de que cuando Axl tuvo dinero para comprarse buena ropa no tomó las decisiones adecuadas. Las mallas ciclistas y las rastas que lleva ahora son un atentado al buen gusto.

Aunque el colmo del cutrerío y de la vergüenza ajena lo protagonizaron, de nuevo en los ochenta (¿la etapa más hortera de la música?), dos colosos como Mick Jagger y David Bowie. Ahí estaban dos tío consagrados y admirados colaborando juntos en una canción que prometía mucho, "Dancing in the streets". Sin embargo, cuando los fans vieron el resultado de aquella colaboración se escandalizaron. Ahí estaban dos puretas intentando ser modernos con un baile más propio de Tamara en una fiesta. Los trajes de colores chillones (más propios de la jet set marbellí) y de dos tallas más grande remataron a más de uno. Más recientemente, a nivel hispano, Dover han hecho lo mismo. Han pasado de ser unos grunge-jebis garruleros para intentar emular a Madonna. Muchos aun pensamos que es una broma.

El último atentado al buen gusto lo protagonizan bandas y artistas que directamente ya empiezan mal y que apenas mejoran. Nunca me convencieron los relojes de plástico de Public Enemy, ni las pintas vikingas del power metal y de gente como Thor o Manowar. Los de los azucarados looks de las boy bands tipo Take That (por favor leed esto de Viruete) tienen delito. De Mago de Oz mejor ni hablar. En el caso de Buckhead, el guitarra de Guns N' Roses una vez que Axl expulsó a Slash, el tipo al menos tuvo cerebro. Decidió ocultar su nefasta imagen con la más aun estúpida idea de ponerse un cubo de Kentuchy Fried Chicken en la cabeza. Ey, pero al menos, conservó su anonimato. También me siguen resultado algo esperpénticas la estética de muchos grupos de hard rock como Poison. Pero no todos son malos artistas con poco gusto. Al contrario, algunos como Redd Kross o Enuff Z"Nuff tienen calidad pero, por contra, su gusto a la hora de mezclar los colores es más que discutible.

Para ellos, siempre les quedará un "pero su música es buena". O quizás no.Cuestión de gustos.