Las incursiones hollywodienses por el continente africanos han sido más que dispares. Pero no ha sido hasta hace bien poco cuando se nos ha mostrado que África no es solo ese sitio con negros que llevan el equipaje de los blancos (como se puede ver en clásicos de otro tiempo como el caso de Mogambo) ni ese hermoso lugar perfecto para producciones visuales mastodónticas como Memorias de África, película que empezaba con aquella maravillosa imagen de un tren avanzando lentamente por la sabanaafricana.

Sin embargo, desde hace cuatro o cinco años África se está convirtiendo en un lugar perfecto para hacer cine de denuncia made in Holllywood. Una propuesta que resulta increíblemente paradójica si nos ponemos a pensar en lo que podríamos arreglar en Ruanda con todo el presupuesto de uno de estos films. Pero bueno, todo sea por una noble causa (y no me refiero a la de ganar dinero, aunque también, que los productores no son almas caritativas).

Diamante de sangre sigue la estela de otras buenas producciones (y que por cierto, también coincidieron el mismo año) como El jardinero fiel o la impactante Hotel Ruanda. El objetivo yel mensaje entodas ellas es común: mostrar las consecuencias de las avariciosas acciones de los países desarrollados sobre una población que pese a vivir en uno de los continentes con más riquezas naturales, su población parece estar condenada a siglos de guerra civiles y matanzas (Hotel Ruanda, El rey de Escocia), explotación (Diamante de sangre)y miseria enfermedad (El jardinero Fiel).Y todo ello ante la inoperancia y la indiferencia de los países más ricos.
A falta de una potente saga de directores africanos que se dediquen a mostrar qué es lo que allí está pasando desde su propia perspectiva (cosa que por ejemplo parece no estar ocurriendo con Latinoamérica), lo cierto es que hasta el momento las propuestas de cine social made in Hollywood parecen estar funcionando bastante bien. La reciente polémica entre Diamante de sangre yel gremio de joyeros estadounidenses (quiénes se quejaron porque la película muestra como el contrabando en países en conflicto es una de las fuentes de obtención de diamantes), así lo confirma.

Y lo cierto es que Diamante de sangre intenta poner el dedo en la llaga y con ese objetivo nos escenifique las brutales condiciones en que se extraen los diamantes: secuestro, trabajos forzados y malos tratos. El estupendo Dijmon Honsou es el pobre receptor de todos esos abusos y el representante de esa población que no trafica con su propio pueblo. Pero ahí no queda la cosa. Leonardo Di Caprio ejerce de alma blanca vendida, y es la punta del iceberg de una trama de contrabando que se desarrolla entre el más absoluto lujo europeo y que Jennifer Connelly, como periodista no afín a Salsa Rosa, quiere denunciar.

El guión funciona bastante bien pese a ese final tan "mundo maravilloso" que puede resultar demasiado light después de haber visto como una guerrilla pervierte y roba la concienciaa un chaval a base de drogas duras, palizas y un duro entrenamiento militar. Otro "pero" lo tiene el pobre Leonardo Di Caprio y su cara de niño. Ha madurado como actor pero no acaba de resultar convincente como cruel traficante. Benicio del Toro ahí lo hubiese clavado. Precisamente la relación entre Conelly y Di Caprio también adolece de poco tensa. Un poco más de tensión periodista-fuente no le hubiera ido mal.

Aun y así Diamante de sangre es una película con un buen ritmo y una interesante propuesta, especialmente por el retrato que hace de las minas de donde se extraen los diamantes y la red de contrabando(en este caso ambientada en Sierra Leona) así como el proceso de formación de los niños soldados.

Algo es algo. Y si no que se lo digan a África.