Johnny Deep y Martin Landau en una escena de Ed Wood


El estreno de la película de Billy Wilder El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard) debió ser sin duda un momento muy extraño para muchos de los actores, actrices y directores que acudieron a tal evento. Es fácil imaginarse a un montón de estrellas y wannabes, maquillados y vestidos para la ocasión: enjoyados con sus diseños más exclusivos yviendo reflejada su gloria en la cara del típico fan que pide a grtiso un autógrafo. Y sin embargo ahí estaba Billy Wilder para aguarles el ego trip personal. ¿El motivo? La pobre Norma Desmond, el personaje principal de El crespúsculo de los dioses y que tan bien encarnó Gloria Swanson. No en vano El crespúsculo... no es más que la historia de una vieja gloria del cine venida a menos y que se niega a aceptar que sus 15 minutos de fama ya pasaron a la historia. Para todos aquellos actores y actrices que acudieron a ver dicho filme debió resultarles algo humillante ver cual podría ser su final si no sabían encajar muy bien la brevedad de la fama. Porque lo cierto es que estas cosas pasan y existen muchos ejemplos de celebridades que han estado al borde del precipicio después de una imparable espiral decadente: drogas, alcohol, peleas, divorcios, excentricidades varias...

Sin embargo, pese a lo caras que puedan resultar las curas de desintoxicación, lo cierto es que eso no es lo peor que le puede pasar a un actor. Precisamente es otra película en blanco y negro, aunque esta vez rodada en los noventa, la que nos muestra otra variante, bastante más cruel, de lo que puede pasar cuando uno no sabe encajar la fama: que el actor acabe creyéndose demasiado el papa que interpreta. La película es Ed Wood, de Tim Burton. En dicho film, Martin Landau da vida al personaje real de Bela Lugosi, el Drácula más famoso del cine clásico, un hombre que acabó devorado por su personaje.

Lugosi, procedente de la mismísima Tranilvania, aterrizó en Hollywood y gracias su aspecto extraño, pero elegante, ya su peculiar inglés consiguió el papel protagonista de Drácula (1931)de Tod Browning. Lugosi alcanzó rápidamente la fama puesto que el género de terror era una de los más populares de la época. Él se sentía a gusto con ese papel de macabro Don Juan y tanto el público como los productores veían en él el tipo ideal para encarnar el príncipe de Transilvania. Así que Lugosi decidió explotar el filón y encadenó rodaje tras rodaje. Pero lo único que hacía en todos esos films era interpretar a Drácula. Y al final acabó creyéndose su personaje. Nada de método Stanislavsky ni interiorización del personaje. Bela Lugosi era Drácula y como tal iba siempre vestido como el conde transilvano. El problema llegó cuando el trabajo empezó a escasear. Lugosi ya no recibía tantas ofertas pero sin embargo él seguía siendo Drácula. Y lo fue hasta el final de sus días, cuando pese a estar enganchado a la morfina, seguía durmiendo en un ataúd.

Lo mismo le pasó a Johnny Weismüller. O l oque es lo mismo, a Tarzán. El actor pasó de ser nadador olímpico a interpretar con gran éxito y durante doce películas al rey de la selva en compañía de su inseparable Jane. Al igual que Lugosi, Weismüller acabó encasillándose (¿si le iba bien, para qué cambiar?) y cuando los papeles empezaron a escasear no supo orientar su carrera puesto que él era Tarzán.

En otras ocasiones, el encasillamiento no es tanto el culpable de los dévaneos del actor de turno. Stanislasvky y su método de interpretación han acabado con la salud mental de más de un actor. La técnica de actuación, que consiste en utilizar los sentimientos y las experiencias del propio actor para interpretar a un personaje, fue un cuchillo de doble filo para gente ya de por sí inestable como Montgomery Cliff. El actor, fiel seguidor del método Stanislasvky, salía muy tocado a nivel emocional de sus interpretaciones. Si a eso le añadimos el hecho de queCliff solía representar a personajes desequilibrados, la cosa a veces se ponía dramática. Más recientemente Daniel Day Lewis acabó como zapatero en un pueblo italiano después de obsesionarse con papel de púgil que interpretaba en The Boxer. Lo cierto es que el actor era de los que se tomaba su papel en serio. Ya durante el rodaje de El último mohicano dio muestras de su obsesión por "ser" el personaje en lugar de interpretar a un personaje.

Sin embargo no todos los actores se lo toman tan en serio. O se toman su trabajo con más ironía. Woody Allen, quien también puede que haya acabado por convertirse en su personaje, al menos tiene una visión mucho menos trascendental de lo que es el trabajo de actor: “Creo que los actores -y, posiblemente, también los directores- se sienten culpables por hacer algo que les resulta tan fácil y tan natural, de manera que tratan de hacerlo más complejo para justificar el sueldo que reciben"