El exitazo de Sin City (alabada a rabiar tanto por el público no afín a los cómics de Frank Miller como también aplaudido por los más milleristas, especialmente gracias a la escenificación en la gran pantalla de casi todas las viñetas) es la causa de la gran expectación que ha generado 300. Eso, y el magnífico tráiler hecho a partir de las escenas más épicas y lleno también de hombres musculosos gritando con las venas del cuello súper tensas eso de "Esto es Espaaaaaaaaaaartaaa". Y lo cierto es que el tráiler (con la instrumental "Just like you imaginated" de Nine Inch Nails sonando de fondo) resume a la perfección lo que nos encontramos en 300: una estética muy elaborada, tíos cachas en calzoncillos matándose entre sí y diálogos militar-trascendentales.

Pero vayamos por partes. En cuanto a lo visual, lo cierto es que las películas basadas en las historias de Frank Miller se dejan querer por la cámara y por los efectos especiales. En consecuencia, 300 resulta un ejercicio visual realmente bello. Si en Sin City los blancos, grises y negros digitales hacían maravillas con los ojos del espectador de turno, en 300 los ocres pero también los rojos, el rojo de las capas y por supuesto el rojo de la sangre (especialmente persa) consiguen el deseadísimo y súper buscadísimo efecto de boquiabiertismo en el tío ese que está en la butaca y que en lugar de tragarse esa palomita que sostiene con su mano a apenas dos centímetros de su boca ha decido esperar para ver las consecuencias del ataque de los espartanos. No es para menos puesto que la puesta en escena es casi que es la principal excusa para rodar ahora una película de este tipo. Si es así, objetivo conseguido.

Por contra el argumento, pese a que parece ser bastante fiel al original, no obtiene resultados tan brillantes. Principalmente porque estar durante dos horas escuchando frases épicas y gloriosas (para gloria la pluma del Rey Jerjes) acaba por cansar un poco. No es que los espartanos no sean creíbles. Sin duda los músculos y la pose de Gerard Butler, el rey Leónidas, y del resto de los soldados dan muy bien el pego (no es el caso del Rey Jerjes, quien en lugar de representar a un sanguinario dios persa parece más bien una reinona a punto departicipar en un concurso de travestis. La voz grave, contrapuesta con su look de Dennis Rodman con falda, tampoco ayuda a darle algo de seriedad).

El problema es que ese narrador con toques chulescos que utiliza Frank Miller queda mejor en el cómic que en el cine. En la gran pantalla, eso gritos espartanos, esas frases como "No son 300 hombres, son 300 espartanos" o "Vuelve con tu escudo o sobre él" se hacen un tanto pesadas si no hay algo más. O más bien si te esperas algo más que tortas y sangre. O más si durante toda la película se busca en tono épico y dramático y de repente se aparece la carroza gay del rey Jerjes y suelta esa frase, LA FRASE DE LA PELÍCULA, con la virginidad anal del rey Leónidas a punto de mira. "No es a mi látigo a lo que mas temen mis soldados, sino a mi poder divino. Póstrate ante mi Leonidas y no tendrás porque temerme", no es insinuación. Es una actitud ante la vida y que lo único que provoca es una risotada inmensa en los cines.

Aun y así la película puede acabar siendo objeto de culto. Especialmente para mujeres, culturistas y homosexuales. Porque aparte de sangre, sudor y lágrimas en 300 también hay mucha carne. Mucha carne masculina.De manera arrolladora. Pectorales inmensos, abdominales marcadísimos, nalgas duras y piernas hipermusculadas. Toda una oda al músculo y al vigor con lemas auténticamente pegadizos (Espaaaaaaaartaaaaa). Al fin y al cabo, estos espartanos eran muy modernos.