Bienvenidos al futuro: aquí no encontraréis ni frígidas mujeres embutidas en trajes blancos espaciales, ni minimalismo espacial. Ni tan siquiera el futuro está poblado por razas superiores modificadas genéticamente, Los clones genéticamente modificados tampoco canpan a sus aires para alivio de Aldous Huxley. La gente nace, envejece y muere. En el año 3001 el universo sigue siendo tan sucio, absurdo y patético como el mundo del siglo XX (bueno, y lo que llevamos de XXI). Cualquier otra alternativa, desde luego que no sería Futurama.

La gran valía de las historias y proyectos de Matt Groening (sí, el creador de Los Simpson y Futurama) consiste en jugar en sus historias y dibujos con la más disparatada e hilarante cotidianeidad. Porque ¿acaso la gracia de los Simpson no reside en mostrar a una familia bastante desastrosa y real? ¿Acaso Homer no se tira eructos? ¿Quién no ha conocido a un Nelson en su vida? Así que visto que buena parte del éxito de los Simpson consistía el retratar e ironizar sobre algo tan serio (o tan cómico) como el día a día, Groennig afrontó el reto de "la serie de después del exitazo de Los Simpson bajo la misma premisa: riámonos del absurdo humano.

Así que en lugar de situar la acción en un pueblo tranquilo de Estados Unidos con su iglesia protestante, su badulaque y su jefe de policía come-rosquillas (amén de Ralph y sus duendes pirómanos), el dibujante situó su nuevo proyecto en ese futuro tan cercano del año 3001 y en la mega urbe Nueva Nueva York. Y dibujó su predicción del mundo con la misma mala leche (o incluso más) que había utilizado en Los Simpson. De hecho, Futurama puede considerarse como la hermana alocada y algo más bastarda que la familia de Springfield (una referencia ineludible). Es más grande, tiene más guiños y es bastante más irónica. ¿Mejor? Difícil respuesta.

Lo cierto es que las repeticiones durante más una década, una y otra vez, día sí y día también, mañana y hasta incluso tarde de las aventuras de la familia de Springfield por parte de Antena 3 (y lo que nos queda) ha creado un mito inamovible: en casa se come con Homer Simpson.Y punto. En cambio, el viaje de Futurama por la parrilla televisiva fue bastante más corto. Lo suficiente como para engancharnos y descubrir sus virtudes pero lo justo como para mitificarla a nivel masivo. No obstante, si entre los protagonistas de una serie están un macho capitán de nave espacial con graves pérdidas de aceite y un robot políticamente incorrectísimo como Bender no hay duda de que nos encontramos ante digno de subirse al podium de los ganadores.

Y es que Futurama cuenta como Los Simpson con un amplio reparto coral muy rico y realmente disfrutable. De este modo personajes como Fry, ese joven crionizado desde e siglo XX;la luchadora Leela o el calamar gigante andante que carga con el nombre de Dr. Zooiberg son graciosos. Pero sin duda el rey de Futurama es Bender, el robot cleptómano, vicioso y misógino.

Un salido, un borde, un ladrón. Todo lo malo y sin arrepentimiento. Uno de los capítulos más redondos de nuestra carcasa metálica preferida es aquél en que tras un malas experiencias decide dejar de beber y, ebrio de oxido, atraviesa su propia espiral descendente hacia, simbólicamente, la decadencia humana."¡Bender! Estás un pelín sobrio..." y Bender responde: "Así es. ¡Estoy sobrio! ¡¡Y loco!! ¡Y soy capaz de hacer cualquier cosa!". Quizás nunca antes se había contemplado una máquina más inmoral y viciosa que el creador humano (bueno, quizás HAL 9000 en 2001: una odisea del espacio).

Por todo esto Futurama es una serie que mantiene su frescura y su acidez pese a que en muchas ocasiones los guiños a la cultura popular norteamericana del siglo XX se hayan quedado hoy en día algo descontextualizados. Pero siempre nos quedará Bender.

¡Muerde mi brillante trasero metálico!